Lo positivo del Bicentenario
Julio César Arreaza B
El régimen que nos gobierna desaprovechó una magnífica oportunidad histórica para unir al país en torno a claros objetivos de superación nacional, durante este año, cuando Venezuela cumple 200 años de haberse constituido en república. En el transcurso de ese tiempo hemos intentado construir la nación que hoy conocemos, vivimos, disfrutamos y sufrimos.
Hoy resulta oportuno reiterar que el personalismo es contrario al republicanismo, que sin educación no hay república. Nos hacemos ciudadanos con educación y trabajo decente, dejamos de serlo cuando otros resuelven por nosotros.
Conscientes de estar viviendo hoy el momento de los 200 años de nuestra Independencia, le dimos sentido asistiendo a dos actos que reivindican la fecha.
El propio 5 de julio, acudimos a la presentación de la tercera edición del libro “El Voto del General José Félix Ribas a la Inmaculada Concepción. La Devoción del Libertador a la Virgen”, en el Salón de Sesiones del Concejo Municipal de Baruta.
Este libro del padre Ramón Vinke, arroja luces sobre un aspecto poco tratado por la historiografía, como es la fe cristiana católica de Simón Bolívar y la de los próceres de la Independencia. Descubrimos que su devoción mariana guarda correspondencia con un continente americano eminentemente mariano.
Este dato complementa el híper conocido perfil guerrero de Bolívar, dándole significación a la dimensión humana del Libertador, a su sentida devoción por la Virgen. La obra del padre Vinke reivindica este aspecto de la vida de nuestro Libertador.
El otro acontecimiento que vino a reivindicar la magna fecha del Bicentenario, fue la celebración del IV Congreso Eucarístico Nacional de Venezuela. Más de mil trescientos delegados de las diversas diócesis del país, compartimos la oración y las enseñanzas en torno a la Eucaristía, misterio de la fe y salimos renovados a cumplir como discípulos de Cristo, la tarea de evangelizar a las comunidades proclamando que Cristo es Pan de vida para nuestro pueblo.
Salimos conscientes de que como comunidad católica, estamos llamados a dar una respuesta de vida, desde nuestra fe, a los ingentes problemas que enfrenta nuestro pueblo y que afectan directamente a la familia, a la comunidad y a la sociedad entera. Conscientes de que los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.
Sabemos que el Señor manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores, y nunca permanece indiferente ante el sufrimiento humano.